¿Sin tiempo qué perder? :: No Time to Lose?

“Los años probablemente se calculaban por los ciclos de las estaciones mientras que el mes se medía por la luna, tal vez de luna nueva a luna nueva. (Los conceptos de) Las horas, minutos y segundos se desconocían.” Así terminan las notas de la escritora Colleen McCullough acerca de su novela La canción de Troya, cuya historia se desarrolla alrededor del año 1200 a.C. Daba la casualidad que el día que leí aquellas líneas me estaba resultando pesado y no era por tener una agenda ajetreada. Todo lo contrario. Al no tener apenas ganas de hacer nada, sentía cómo el tiempo se diluía cada vez más y el reloj marcaba las horas cada 120 minutos. Por un lado, era agradable tener la sensación de que disponía de todo el tiempo del mundo para dedicarlo a cualquier cosa. Sin embargo, debido a la pereza y la pasividad que estaba manifestando, no logré realmente disfrutar del día por el sentimiento de culpa que me generaba el no estar “aprovechando” el tiempo. No fue hasta cuando me metí en la cama que comencé a pensar en todo aquello que podría haber hecho y no hice. Durante unos segundos sentí el impulso de levantarme y ponerme manos a la obra, pero fue ver el reloj marcar la 01:00 y decirme, “Pero Taiki, ¿a dónde vas a estas horas…? Perdiste tu oportunidad durante el día, ahora te duermes sí o sí.”

Entonces pensé en cómo el concepto del tiempo podría ser algo cultural a pesar de tener unas bases científicas. El tiempo y el espacio han sido temas de grandes filósofos y científicos, así que decidí no seguir en esa dirección, sino que me enfoqué en ejemplos más prácticos y subjetivos sobre lo que era el tiempo para nosotros: no hay sensación más tediosa que aquella cuando nos encontramos haciendo una tarea que nos resulta aburrida y estar pendientes del reloj. Sentimos que han pasado 15 minutos, cuando en realidad sólo han sido 2 minutos y medio… Y sin embargo, parece ocurrir lo contrario cuando estamos inmersos en una actividad con todos nuestros sentidos enfocados en un sitio, ya que la sensación de 10 minutos puede fácilmente traducirse en 2 horas reales de concentración. Esto es algo a lo que solemos llamar un momento de fluidez o inspiración.

El tiempo también es un factor que, en la práctica, funciona de manera muy diferente entre, por ejemplo, Nueva York y Sevilla. En la ciudad de los rascacielos, la gente parece estar ensimismada en sus compromisos, muy pendientes de lo que tienen que hacer cada media hora. Existe una eficacia impresionante en el trabajo y la interacción social es reducida al mínimo para maximizar el pragmatismo individual. Por consiguiente, la cantidad de información que se mueve y decisiones que se toman en una sola jornada laboral es sobrecogedora. La gente parece estar corriendo en todo momento para luego quejarse de que los neoyorkinos son las personas más solitarias en una ciudad de más de 8 millones de habitantes. Luego pienso en ciudades tan cálidas y abiertas como Sevilla, donde el desayuno de media hora ó 45 minutos a las 11:00 es casi un ritual colectivo; la hora de la comida suele ser de 2 horas (frente a los 15 ó 30 minutos en EE.UU.); y las reuniones pueden durar más de 3 horas para discutir el primer punto de la agenda y no llegar a una decisión concreta en el mismo día. Eso sí, es muy difícil no entrar en la dinámica de compañerismo y vida social intensa dentro de las empresas y se termina pasando la mayor parte del tiempo entresemana entre colegas de trabajo que con la familia o amigos. ¿Y la productividad? No pasa nada, ya mañana hablaremos sobre el tema en la reunión después del desayuno. Y si no se puede, ya que es jueves, pues la próxima semana.

Quiero creer que no soy de los que se identifican al cien por cien con ninguno de estos extremos, pero sí reconozco que me dejo influenciar bastante por el ambiente que se respira según donde esté trabajando. Como autónomo que soy, sin embargo, ahora soy jefe y empleado a la vez y a veces puedo llegar al borde de la esquizofrenia con el tira y afloja de mis voces interiores que discuten a menudo, para decidir si sigo trabajando en frente del ordenador o me tomo un descanso de tiempo indefinido hasta que quiera concentrarme de nuevo.

Tras divagar a través de estos ejemplos, reafirmé en silencio mi deseo de seguir una dirección bien clara y definida que me permita ser consciente del presente para tener un futuro apetecible, sólido y tangible. Uno de mis miedos es terminar mis días deambulando sin rumbo, como la imagen que se me quedó grabada en la mente, de los hombres en la región de Ketama en Marruecos, que caminaban a lo largo de la carretera escondida en lo alto de las montañas, con la mirada perdida. Yo los vi durante unos escasos minutos mientras pasábamos por la región para dirigirnos a nuestro siguiente destino en coche. Lo que hacían ellos era caminar sin propósito alguno durante horas, días y años enteros…

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“The years were probably calculated by the seasonal cycles, while the month was measured by the moon, perhaps from new moon to new moon. The (concepts of) hours, minutes, and seconds were unknown.” This is how the notes by the writer Colleen McCullough end about her novel, The Song of Troy, whose story develops at around the year 1200 B.C. It just so happened that the day I read those lines was turning out to be rather wearisome, and it was not due to a tight agenda, quite the opposite. By not having almost any desire to do anything, I was feeling how time increasingly diluted and the clock would mark the hours every 120 minutes. On one side, it was nice to have the sense that I had all the time in the world at my disposal to invest it in anything. However, due to the laziness and passiveness that I was manifesting, I could not really enjoy the day from the feeling of guilt that I felt by not “taking advantage” of the time. It was not until I slipped into bed that I began to think of all the things that I could have done and did not do. For a few seconds, I felt the urge to get out of bed and get down to business, but as soon as I saw the clock pointing at 01:00, I said to myself, “But Taiki, where are you going at this time…? You lost your chance during the day, now you are going to sleep no matter what.”

I then thought about how the concept of time could be something cultural despite its scientific basis. Time and space have been topics of great philosophers and scientists, so I decided not to go on that direction, but rather, I focused on more practical and subjective examples on what time entailed for us: there is no greater feeling of tediousness than that when we are engaging in a task we regard as boring, and to be constantly watching the time. We feel as if 15 minutes have passed, when in reality they are only 2 and-a-half minutes… Nonetheless, the opposite seems to occur when we are immersed in an activity where all of our senses are focused in one place, for the sense of 10 minutes may easily be 2 real hours of concentration. This is something that we often refer to as fluidity or inspiration.

Time is also a factor that, in practice, functions in a very different manner between, for example, New York and Seville. In the city of skyscrapers, people seem to be engrossed with their commitments, very attentive to what they have to do every half hour. There is an impressive efficiency at work and social interaction is reduced to its minimum to maximize individual pragmatism. Therefore, the amount of information that is handled and the decisions that are taken in one working day is overwhelming. People appear to be on the run all the time to later complain about how New Yorkers are the loneliest people in a city of 8 million inhabitants. I then think of such warm and open cities like Seville, where the half-hour to 45-minute breakfast at 11:00 is almost a collective ritual; lunch time tends to be 2 hours long (as opposed to the 15 to 30 minutes in the US); and meetings can last more than 3 hours to discuss the first point in the agenda and not reach a concrete decision on the same day. Nonetheless, it is very difficult not to get into the dynamics of comradeship and an intense social life within the companies, thus, spending most part of the time during the week among colleagues rather than with family or friends. What about productivity? No worries. Tomorrow we will talk about it during the meeting after breakfast. And if it is not possible because it will already be Thursday, we will wait until next week.

I want to believe that I am not one of those people who identify 100 percent with either of these extremes, but I do recognize the fact that I let my work environment influence me a lot. As a freelance worker, though, I am currently my own boss and employee simultaneously, and I can reach an edge of schizophrenia with my voices going back and forth, often arguing to decide whether I should continue working in front of the computer or take an indefinite break until I want to concentrate again.

After rambling through these examples, I quietly reassured mi desire to continue in a very clear and defined direction that would allow me to be aware of the present to have a desirable, solid, and tangible future. One of my fears is to end my days wondering around aimlessly, like the image that got stuck in my brain, of men with lost gazes, strolling along s highway hid up in the mountains in the region of Ketama in Morocco. I watched them for a few minutes as we passed by the region by car on our way to our next destination. These men, though, they had been walking aimlessly for entire hours, days, and years…

2 thoughts on “¿Sin tiempo qué perder? :: No Time to Lose?

  1. mi jefe es famoso porque cuando dice ‘nos sentamos cinco minutos’ pueden ser cinco horas tranquilamente.. eso me desespera!! para mí el tiempo es oro puro.

  2. Tiempo… tiempo… bendito tiempo. Yo todavía estoy luchando con el tiempo. Siempre me parece tan corto…siempre tengo tantas cosas que hacer… Aunque haya dias que diga. Ah!!!! hoy por fin tengo tiempo libre, se me va… me pasa tan rápido!!! Aunque ya no me levanto temprano, ni corro al trabajo, ni tengo hijos que atender, el tiempo parece que se me escurre. No se si eso es bueno o malo. Ahora hago mas cosas que me gustan, mas cosas para mi y los demás, no vivo con estrés, pero me sigue faltando tiempo para hacer mas cosas, hacer mas cursos, leer mas libros, encontrarme con amigas, etc, etc, etc. Creo que cuando sienta que tengo todo el tiempo del mundo… y ninguna cosa por hacer me habrá llegado el momento de irme.

    Ana

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